Cómo convertir el inglés en una herramienta de desarrollo profesional
Durante años, muchas empresas han entendido la formación en inglés como un beneficio para los empleados o como una forma de solucionar una carencia concreta.
“Necesitamos que este departamento mejore su nivel.”
“Tenemos clientes internacionales.”
“Hay empleados que necesitan un B2.”
Pero existe otra forma de plantearlo.
¿Y si el inglés formara parte de la estrategia de desarrollo profesional de la empresa?
En organizaciones cada vez más internacionales, dominar otro idioma puede permitir a un empleado participar en nuevos proyectos, asumir responsabilidades, relacionarse con otros mercados o acceder a posiciones que antes estaban fuera de su alcance.
Desde esta perspectiva, la formación deja de ser simplemente un curso.
Se convierte en una herramienta para desarrollar talento.
El inglés puede ser una barrera invisible
Imaginemos a un profesional con años de experiencia, excelentes conocimientos técnicos y capacidad para asumir mayores responsabilidades.
Aparece la posibilidad de participar en un proyecto internacional.
Pero hay un problema.
Las reuniones serán en inglés.
El empleado entiende bastante, pero no se siente cómodo hablando. Necesita demasiado tiempo para preparar una presentación y evita intervenir espontáneamente.
Su conocimiento profesional no es el problema.
La barrera es lingüística.
Situaciones como esta pueden aparecer en muchos departamentos: comercial, compras, ingeniería, dirección, marketing, atención al cliente, producción o calidad.
Por eso conviene detectar cuándo el idioma está limitando el desarrollo de profesionales que tienen potencial para asumir nuevos retos.
No todos necesitan inglés por el mismo motivo
Uno de los errores habituales es establecer un objetivo demasiado genérico:
“Mejorar el inglés de los empleados.”
Pero ¿para qué?
Un profesional puede necesitar inglés para dirigir reuniones.
Otro para negociar con proveedores.
Otro para realizar presentaciones.
Otro para comunicarse con una filial internacional.
Y otro porque está preparándose para asumir una posición de management.
Si la formación forma parte de un plan de desarrollo profesional, el objetivo debería estar vinculado a las competencias que necesitará esa persona en su evolución dentro de la empresa.
1. Relaciona el inglés con oportunidades profesionales
La formación adquiere mucho más sentido cuando el empleado comprende para qué puede servirle.
Por ejemplo:
- Participar en proyectos internacionales.
- Gestionar clientes extranjeros.
- Asistir a ferias y congresos.
- Coordinar equipos de diferentes países.
- Realizar presentaciones ante dirección.
- Trabajar temporalmente en otra sede.
- Optar a una promoción interna.
En estos casos, aprender inglés deja de ser un objetivo abstracto.
Existe una meta profesional detrás.
Y eso puede cambiar completamente la motivación del participante.
2. Identifica el nivel necesario para cada posición
No todos los puestos necesitan un C1.
Ni todos los empleados con un B2 tienen las competencias necesarias para desenvolverse en las mismas situaciones.
Antes de establecer objetivos lingüísticos, conviene analizar qué exige realmente cada posición.
Por ejemplo, quizá un puesto necesite principalmente:
Reading, porque trabaja con documentación internacional.
Otro puede necesitar un nivel elevado de speaking y listening porque participa constantemente en reuniones.
Y una posición comercial puede requerir especialmente capacidad para negociar, presentar y persuadir.
El objetivo debería ser desarrollar el inglés que necesita el puesto, no perseguir un nivel simplemente porque “queda bien” sobre el papel.
3. Prepara hoy a las personas que necesitarás mañana
La formación puede utilizarse también para anticiparse.
Si sabemos que un empleado podría asumir nuevas responsabilidades dentro de seis meses o un año, no es necesario esperar a que llegue ese momento para empezar a trabajar su inglés.
Podemos prepararlo previamente.
Esto es especialmente útil en procesos de:
- Promoción interna.
- Planes de carrera.
- Internacionalización.
- Sucesión.
- Expansión a nuevos mercados.
- Desarrollo de futuros managers.
La empresa consigue preparar talento interno y el profesional percibe que está adquiriendo herramientas vinculadas a su evolución.
4. Trabaja situaciones que formen parte de su futuro puesto
Aquí es donde el Business English puede tener especial importancia.
Si estamos preparando a una persona para gestionar un equipo internacional, podemos trabajar:
- Cómo dirigir una reunión.
- Cómo dar feedback.
- Cómo delegar.
- Cómo explicar objetivos.
- Cómo gestionar desacuerdos.
- Cómo realizar una presentación.
Si hablamos de un futuro responsable comercial:
- Negociación.
- Presentaciones.
- Gestión de objeciones.
- Reuniones con clientes.
- Networking.
- Ferias internacionales.
De esta forma, el participante no solo está mejorando su inglés.
Está entrenando situaciones que probablemente tendrá que afrontar profesionalmente.
5. Combina idiomas y soft skills
Cuanto mayor es la responsabilidad profesional, más importante suele ser la forma en la que nos comunicamos.
Un manager necesita mucho más que vocabulario.
Tiene que saber escuchar, persuadir, negociar, dar feedback, resolver conflictos y adaptar su comunicación a diferentes interlocutores.
Hacer todo eso en otro idioma añade una dificultad adicional.
Por eso tiene sentido combinar el aprendizaje lingüístico con soft skills aplicadas al Business English.
No basta con enseñar cómo construir una frase correcta.
Hay que trabajar también cómo utilizarla para conseguir el efecto adecuado.
6. Permite que el empleado vea su progreso
El desarrollo profesional necesita objetivos.
La formación en inglés también.
Pero medir únicamente si una persona ha pasado de B1 a B2 puede quedarse corto.
Podemos observar también avances mucho más relacionados con su trabajo:
Antes: evitaba intervenir en reuniones.
Ahora: participa y hace preguntas espontáneamente.
Antes: necesitaba ayuda para preparar presentaciones.
Ahora: puede presentarlas con autonomía.
Antes: derivaba las llamadas internacionales.
Ahora: puede gestionarlas directamente.
Este tipo de progreso permite visualizar mejor el impacto de la formación.
Inglés y retención de talento
Las oportunidades de aprendizaje y crecimiento pueden formar parte de la propuesta de valor que una empresa ofrece a sus profesionales.
Especialmente cuando la formación está relacionada con posibilidades reales de evolución.
No se trata simplemente de ofrecer “clases de inglés” como beneficio.
Se trata de transmitir:
“Queremos darte herramientas para que puedas asumir nuevos retos.”
Cuando el empleado entiende esa relación, la percepción de la formación cambia.
Puede dejar de verla como una obligación y empezar a verla como una inversión en su propio desarrollo.
El inglés también puede facilitar la movilidad interna
En organizaciones internacionales existen oportunidades que pueden quedar limitadas por el idioma.
Un empleado puede tener los conocimientos técnicos necesarios para incorporarse a otro departamento, trabajar con una filial extranjera o asumir una cuenta internacional.
Pero quizá todavía no tenga suficiente confianza en inglés.
Trabajar esa competencia puede ampliar las posibilidades de movilidad interna y permitir a la empresa aprovechar mejor el talento que ya tiene.
En algunos casos, formar a una persona puede ser mucho más interesante que buscar externamente un perfil similar que ya domine el idioma.
De curso de inglés a plan de desarrollo
La diferencia está en cómo planteamos la formación.
Un curso tradicional puede partir de:
“Tenemos seis empleados con nivel B2.”
Un plan de desarrollo puede empezar preguntando:
“¿Qué responsabilidades queremos que estas personas puedan asumir en el futuro y qué competencias lingüísticas necesitarán para hacerlo?”
Son dos enfoques muy diferentes.
El primero organiza formación.
El segundo utiliza la formación para preparar talento.
¿Cómo puede empezar RRHH?
Antes de diseñar el programa, conviene cruzar tres tipos de información:
Perfil profesional: responsabilidades actuales y futuras.
Competencia lingüística: nivel y puntos fuertes o débiles.
Situaciones reales: qué necesitará hacer en inglés.
A partir de ahí pueden definirse objetivos mucho más concretos.
No simplemente:
“Mejorar speaking.”
Sino:
“Ser capaz de dirigir una reunión mensual con el equipo internacional.”
O:
“Presentar una propuesta comercial y responder preguntas sin depender de un guion.”
Cuando el objetivo es específico, la formación también puede serlo.
Desarrollar inglés para desarrollar talento
En SALT Idiomes diseñamos formación de idiomas para empresas teniendo en cuenta tanto el nivel de los participantes como sus necesidades profesionales.
Los contenidos pueden adaptarse a situaciones reales como reuniones, presentaciones, negociación, comunicación con equipos internacionales, llamadas, emails o liderazgo, combinando el desarrollo lingüístico con las habilidades comunicativas necesarias en cada puesto.
La formación puede realizarse presencialmente u online, con profesores nativos, seguimiento de asistencia e informes de evolución para RRHH. También gestionamos la formación bonificada a través de FUNDAE, simplificando el proceso para la empresa.
Porque mejorar el inglés de un profesional no debería tener como único objetivo conseguir un nivel superior.
También puede servir para eliminar barreras, preparar nuevas responsabilidades y abrir oportunidades de crecimiento dentro de la organización.
Cuando eso ocurre, el inglés deja de ser simplemente una competencia más en el currículum.
Se convierte en una herramienta de desarrollo profesional.
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Profesor de inglés con más de 12 años de experiencia, diplomado en Magisterio de Lengua Extranjera (inglés). Ha trabajado con alumnos de distintos perfiles en ámbitos educativos y profesionales. Interesado en métodos de enseñanza prácticos, eficaces y adaptados. Amante de la música, las series y los viajes. Creador de contenido en TikTok de Salt Idiomes con consejos y curiosidades sobre idiomas.