¿Curso de inglés o Business English? La diferencia importa más de lo que parece

 

Una empresa detecta que parte de su equipo necesita mejorar el inglés.

La solución parece evidente: organizar un curso.

Se realizan pruebas de nivel, se crean grupos B1, B2 o C1 y empiezan las clases.

Sin embargo, unos meses después puede aparecer una situación curiosa: los empleados han mejorado su inglés, pero siguen teniendo dificultades para utilizarlo en el trabajo.

Participar en una reunión continúa generando inseguridad. Negociar con un proveedor sigue siendo complicado. Presentar un proyecto requiere horas de preparación. Y una llamada inesperada de un cliente extranjero todavía provoca cierto bloqueo.

¿Qué ha ocurrido?

Probablemente la formación ha trabajado el idioma, pero no suficientemente las situaciones profesionales en las que ese idioma debe utilizarse.

Ahí aparece una diferencia importante: no es exactamente lo mismo realizar un curso de inglés general que trabajar Business English.

Inglés general y Business English: ¿cuál es la diferencia?

El inglés general busca desarrollar las competencias globales del idioma.

Gramática, vocabulario, comprensión oral, expresión escrita, pronunciación, lectura y conversación forman parte del aprendizaje.

El Business English, en cambio, utiliza todas esas competencias dentro de un contexto profesional.

El objetivo ya no es únicamente:

“Quiero mejorar mi inglés.”

Sino:

“Necesito participar con seguridad en reuniones internacionales.”

“Tengo que negociar con proveedores extranjeros.”

“Quiero presentar nuestros productos a clientes.”

“Necesito escribir emails profesionales con mayor autonomía.”

Ese cambio de objetivo modifica también la formación.

Un B2 no explica qué necesita hacer un empleado

Conocer el nivel es imprescindible.

Pero no nos cuenta toda la historia.

Imaginemos dos empleados con un nivel B2.

Uno trabaja en administración y utiliza principalmente inglés para gestionar emails y documentación.

El otro pertenece al departamento comercial y participa en ferias internacionales, reuniones con clientes y negociaciones.

Ambos tienen el mismo nivel según el Marco Común Europeo.

Pero sus necesidades profesionales son completamente diferentes.

Por eso, en formación para empresas, el nivel debería ser el punto de partida, no el único criterio para diseñar el curso.

También necesitamos conocer el puesto, las responsabilidades y las situaciones reales donde aparece el idioma.

En inglés general aprendemos el idioma. En Business English entrenamos situaciones

Pensemos en una estructura lingüística relativamente sencilla:

Could you…?

En una clase de inglés general podemos aprender cómo utilizarla para realizar peticiones.

En Business English podemos llevarla directamente a situaciones profesionales:

Could you send us the updated proposal?

Could you clarify the payment terms?

Could you give us an estimated delivery date?

Could you go over that point again?

La estructura gramatical es la misma.

Lo que cambia es el contexto y la finalidad.

Y cuanto más se parece la formación a las situaciones que el empleado vive realmente, más fácil resulta transferir lo aprendido al puesto de trabajo.

El vocabulario también cambia

Un profesional no necesita únicamente ampliar su vocabulario general.

Necesita dominar el lenguaje relacionado con su actividad.

Un departamento comercial puede necesitar trabajar:

  • Propuestas.
  • Negociación.
  • Precios.
  • Condiciones.
  • Seguimiento de clientes.
  • Presentaciones.

Compras puede necesitar:

  • Proveedores.
  • Plazos de entrega.
  • Especificaciones.
  • Incidencias.
  • Condiciones de pago.
  • Negociación de precios.

Un equipo técnico puede necesitar:

  • Procesos.
  • Especificaciones.
  • Resolución de problemas.
  • Documentación técnica.
  • Reuniones de proyecto.

La formación gana relevancia cuando el vocabulario aprendido puede utilizarse al día siguiente en el trabajo.

Business English también significa trabajar soft skills

Aquí encontramos otra diferencia importante.

En un entorno profesional no basta con transmitir información correctamente.

También importa cómo la transmitimos.

Imaginemos que necesitamos discrepar con un cliente.

Podríamos decir:

I don’t agree.

Gramaticalmente es perfectamente correcto.

Pero quizá en una negociación sea más adecuado:

I see your point, but I think we should also consider…

La diferencia no está únicamente en el nivel de inglés.

También intervienen habilidades como la diplomacia, la persuasión, la escucha activa y la capacidad de adaptar el mensaje al interlocutor.

Por eso el Business English está muy relacionado con las soft skills.

El profesional necesita aprender a:

  • Discrepar.
  • Negociar.
  • Persuadir.
  • Dar feedback.
  • Liderar una conversación.
  • Interrumpir educadamente.
  • Gestionar objeciones.
  • Adaptarse a diferentes estilos culturales.

Todo ello utilizando otro idioma.

¿Significa esto que el inglés general no sirve para una empresa?

En absoluto.

Hay empleados que necesitan reforzar primero su base lingüística.

Si existen dificultades importantes de gramática, vocabulario o comprensión, trabajar únicamente situaciones profesionales puede no ser suficiente.

En estos casos, el inglés general permite construir y consolidar los conocimientos necesarios para comunicarse.

De hecho, muchas veces la solución más adecuada no consiste en elegir entre una cosa u otra.

Puede ser una combinación de ambas.

Trabajar las estructuras lingüísticas necesarias y aplicarlas inmediatamente a contextos profesionales.

La pregunta correcta no es “¿qué nivel tiene?”

Para diseñar formación corporativa realmente útil conviene ampliar la pregunta.

No solamente:

¿Qué nivel de inglés tiene este empleado?

También:

¿Para qué utiliza el inglés?

¿Participa en reuniones?

¿Habla con clientes?

¿Negocia con proveedores?

¿Realiza presentaciones?

¿Escribe emails?

¿Trabaja con documentación técnica?

¿Gestiona equipos internacionales?

¿Viaja a ferias o congresos?

Las respuestas permiten identificar las competencias que deberían convertirse en objetivos de la formación.

Cuando el contenido se parece al trabajo, aumenta la utilidad percibida

Existe además un factor de motivación.

Un profesional probablemente verá mucho más valor en practicar una situación que reconoce de su día a día.

Por ejemplo, un comercial puede trabajar una simulación de negociación.

Un responsable de compras puede practicar una llamada por un retraso en una entrega.

Un manager puede dirigir una reunión.

Un técnico puede explicar un problema durante una videoconferencia.

No estamos abandonando la gramática ni el vocabulario.

Los estamos trabajando dentro de situaciones con una finalidad concreta.

Esto permite que el participante entienda rápidamente para qué sirve lo que está aprendiendo.

¿Qué debería valorar RRHH antes de elegir la formación?

Antes de organizar un curso de idiomas, merece la pena analizar cuatro aspectos:

  1. Nivel actual

¿Qué conocimientos lingüísticos tiene cada participante?

  1. Necesidades del puesto

¿En qué situaciones utiliza inglés?

  1. Principales dificultades

¿Dónde aparecen bloqueos, errores o falta de seguridad?

  1. Objetivos

¿Qué debería poder hacer mejor dentro de unos meses?

Con esta información es mucho más sencillo decidir cuánto peso debe tener el inglés general y cuánto debe orientarse hacia Business English.

De “dar clases de inglés” a desarrollar competencias profesionales

Este cambio de perspectiva puede transformar completamente un programa de formación.

El objetivo deja de ser únicamente:

“Subir el nivel de inglés del equipo.”

Y pasa a ser:

“Conseguir que el equipo pueda desenvolverse con mayor autonomía en las situaciones internacionales que forman parte de su trabajo.”

Es un objetivo mucho más concreto.

Y también mucho más fácil de conectar con las necesidades reales de la empresa.

Formación adaptada al entorno profesional

En SALT Idiomes diseñamos formación de idiomas para empresas partiendo del nivel de los participantes, pero también de las situaciones en las que necesitan utilizar el idioma.

Reuniones, presentaciones, negociación, emails, llamadas, comunicación técnica, atención a clientes o colaboración con equipos internacionales pueden incorporarse a la formación para conseguir un aprendizaje práctico y conectado con el entorno profesional.

Los programas pueden realizarse presencialmente u online, con profesores nativos, seguimiento de asistencia e informes de evolución para RRHH. Además, gestionamos la formación bonificada a través de FUNDAE.

Porque cuando una empresa invierte en idiomas, la pregunta no debería ser únicamente:

“¿Qué inglés queremos que aprendan nuestros empleados?”

También deberíamos preguntarnos:

“¿Qué queremos que sean capaces de hacer en inglés que hoy todavía les resulta difícil?”

Ahí está la verdadera diferencia.

Otros blogs que pueden interesarte:

¿Tienes alguna duda? Habla con nuestro asistente de IAEscríbenos por WhatsApp