¿Puede la formación en inglés mejorar el employee engagement?
Salario, flexibilidad, posibilidades de promoción, reconocimiento, ambiente laboral…
Son muchos los factores que influyen en la relación que un empleado mantiene con su empresa. Pero existe otro elemento que ha ganado importancia en las estrategias de Recursos Humanos: las oportunidades de aprendizaje y desarrollo profesional.
Los empleados no solo valoran lo que reciben hoy. También valoran si la organización les permite crecer, adquirir nuevas competencias y prepararse para asumir nuevos retos.
En empresas con actividad internacional, la formación en inglés puede formar parte de esta estrategia.
Pero ¿puede realmente contribuir a mejorar el employee engagement?
La respuesta requiere algunos matices.
¿Qué entendemos por employee engagement?
El employee engagement hace referencia al grado de compromiso, implicación y conexión que una persona mantiene con la organización en la que trabaja.
No significa simplemente estar satisfecho con el puesto.
Un empleado puede estar relativamente cómodo en una empresa y, sin embargo, sentirse poco implicado en sus objetivos.
El engagement está relacionado con factores como:
- Sentirse valorado.
- Entender el propósito del trabajo.
- Tener oportunidades para desarrollarse.
- Percibir posibilidades de crecimiento.
- Sentir que la empresa invierte en las personas.
- Poder asumir nuevos retos.
Por eso la formación puede desempeñar un papel interesante.
La formación transmite un mensaje al empleado
Cuando una empresa invierte en desarrollar las competencias de sus profesionales, no está ofreciendo únicamente un curso.
También está transmitiendo un mensaje:
“Queremos que sigas creciendo con nosotros.”
Esta percepción puede resultar especialmente importante en un mercado laboral donde muchos profesionales valoran las posibilidades de aprendizaje al evaluar una empresa.
La formación deja entonces de entenderse únicamente como una herramienta para corregir una carencia y pasa a formar parte del desarrollo profesional.
¿Por qué el inglés puede tener un valor especial?
No todas las formaciones tienen la misma percepción por parte del empleado.
El inglés tiene una característica interesante: puede aportar valor tanto dentro como fuera de su puesto actual.
Mejorar el nivel puede ayudar a una persona a:
- Participar en proyectos internacionales.
- Comunicarse con clientes extranjeros.
- Asistir a reuniones con mayor seguridad.
- Realizar presentaciones.
- Viajar por motivos profesionales.
- Acceder a nuevas responsabilidades.
- Relacionarse con equipos de otros países.
El empleado percibe una utilidad inmediata para su trabajo, pero también está desarrollando una competencia que forma parte de su propio crecimiento profesional.
Y esa combinación puede aumentar considerablemente el valor percibido de la formación.
De “no puedo” a “puedo participar”
Imaginemos a un profesional que trabaja en una empresa internacional.
Tiene conocimientos de inglés, pero evita participar en reuniones porque no se siente suficientemente seguro.
Cuando aparece una presentación internacional, otro compañero suele asumirla.
Si llama un cliente extranjero, intenta derivar la llamada.
Y cuando se plantea incorporarlo a un nuevo proyecto, el idioma aparece como una barrera.
En una situación así, la formación no solo mejora una competencia lingüística.
Puede aumentar su autonomía profesional.
Después de un tiempo trabajando las situaciones que realmente necesita, ese empleado puede empezar a intervenir más, asumir nuevas tareas y participar en proyectos que anteriormente evitaba.
El impacto va mucho más allá de aprender vocabulario.
Formación y oportunidades de crecimiento
Uno de los aspectos que más puede influir en el engagement es la percepción de futuro dentro de la organización.
Si un empleado considera que no tiene posibilidades de aprender, evolucionar o asumir nuevas responsabilidades, es más fácil que empiece a buscar esas oportunidades fuera.
La formación en inglés puede contribuir a eliminar una barrera que, en empresas internacionalizadas, limita muchas veces ese crecimiento.
Un profesional puede tener excelentes conocimientos técnicos y conocer perfectamente el negocio, pero sentirse incapaz de asumir determinadas responsabilidades por su nivel de inglés.
Trabajar esa competencia puede abrir nuevas posibilidades.
También puede favorecer la movilidad interna
Las empresas suelen pensar en la formación de idiomas como una necesidad relacionada con el puesto actual.
Pero también puede utilizarse para preparar talento interno.
Por ejemplo, empleados que en el futuro podrían:
- Coordinar equipos internacionales.
- Gestionar cuentas globales.
- Incorporarse a departamentos de exportación.
- Participar en proyectos internacionales.
- Asumir puestos de management.
- Trabajar temporalmente en otras filiales.
En estos casos, la formación se convierte en parte de un itinerario de desarrollo profesional.
Y el empleado puede percibir con mayor claridad que la empresa está apostando por su evolución.
El componente social también importa
La formación de idiomas dentro de una empresa puede generar además espacios de interacción diferentes a los habituales.
Personas de distintos departamentos pueden compartir clase, practicar juntas y enfrentarse a situaciones que rompen con la rutina diaria.
Esto puede favorecer:
- Relaciones entre departamentos.
- Comunicación interna.
- Conocimiento entre compañeros.
- Sentimiento de pertenencia.
- Colaboración.
Especialmente cuando la formación es dinámica y comunicativa.
No debería ser el objetivo principal de un programa de idiomas, pero sí puede convertirse en un beneficio adicional.
El problema aparece cuando la formación se convierte en una obligación
Aquí encontramos la otra cara de la moneda.
No cualquier formación mejora el employee engagement.
De hecho, una formación mal diseñada puede conseguir exactamente lo contrario.
Por ejemplo, si:
- El contenido no tiene relación con el trabajo.
- Los niveles están mal organizados.
- Los empleados sienten que están perdiendo el tiempo.
- La formación supone una carga excesiva.
- Las clases son demasiado genéricas.
- No existe una evolución perceptible.
el curso puede terminar convirtiéndose en una obligación más dentro de la jornada.
Por eso es importante conocer previamente las necesidades de los participantes.
Personalizar la formación aumenta su valor
Comparemos dos situaciones.
En la primera, un equipo comercial realiza un curso genérico de inglés donde trabaja vocabulario y ejercicios que apenas tienen relación con su día a día.
En la segunda, ese mismo equipo practica:
- Presentaciones de producto.
- Reuniones con clientes.
- Negociaciones.
- Seguimiento comercial.
- Small talk profesional.
- Emails reales.
- Gestión de objeciones.
Probablemente la percepción de utilidad sea completamente diferente.
Cuando el participante puede aplicar rápidamente lo aprendido, entiende por qué está realizando la formación.
Y eso aumenta su implicación.
Escuchar al empleado antes de diseñar el programa
Si queremos que la formación sea percibida como una oportunidad, conviene involucrar a los participantes.
Antes de empezar podemos preguntar:
¿En qué situaciones utilizas inglés?
¿Dónde encuentras mayores dificultades?
¿Qué te gustaría ser capaz de hacer con mayor seguridad?
Las respuestas permiten diseñar contenidos mucho más relevantes.
Además, el empleado deja de sentir que RRHH simplemente le ha asignado un curso y empieza a percibir que la formación responde a necesidades reales.
Reconocer el progreso también ayuda
Cuando hablamos de idiomas, los resultados no siempre son inmediatos.
Por eso es importante poder observar la evolución.
Mejorar la participación en reuniones, escribir emails con mayor autonomía, realizar una presentación o sentirse más cómodo en una llamada son avances que deberían valorarse.
El seguimiento permite que tanto el empleado como RRHH comprendan que la formación está generando resultados.
Y también ayuda a mantener la motivación durante programas de larga duración.
¿Entonces la formación en inglés mejora el employee engagement?
Por sí sola, no.
Sería poco realista pensar que un curso de inglés puede compensar problemas de liderazgo, falta de reconocimiento, malas condiciones laborales o ausencia de oportunidades profesionales.
Pero dentro de una estrategia más amplia de desarrollo de talento, sí puede contribuir a reforzar el compromiso del empleado con la organización.
Especialmente cuando la formación:
- Responde a una necesidad real.
- Tiene aplicación directa.
- Ayuda al profesional a ganar autonomía.
- Abre nuevas oportunidades.
- Forma parte de un plan de desarrollo.
- Hace que el empleado perciba una inversión en su crecimiento.
Ahí es donde la formación deja de ser simplemente un beneficio adicional.
Se convierte en una herramienta de desarrollo.
Formación que aporta valor a la empresa y al empleado
En SALT Idiomes diseñamos formación de idiomas para empresas adaptada a las necesidades profesionales de cada equipo.
Trabajamos situaciones reales de comunicación para que los participantes puedan aplicar lo aprendido en reuniones, llamadas, presentaciones, emails, negociación o colaboración con equipos internacionales.
La formación puede realizarse presencialmente u online, con profesores nativos, seguimiento de asistencia e informes de evolución para RRHH y posibilidad de gestionar la formación a través de FUNDAE.
Porque una buena formación corporativa debería conseguir dos cosas:
desarrollar las competencias que necesita la empresa y aportar herramientas que permitan crecer a las personas que forman parte de ella.
Cuando ambos objetivos se alinean, la formación adquiere mucho más valor.
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Profesor de inglés con más de 12 años de experiencia, diplomado en Magisterio de Lengua Extranjera (inglés). Ha trabajado con alumnos de distintos perfiles en ámbitos educativos y profesionales. Interesado en métodos de enseñanza prácticos, eficaces y adaptados. Amante de la música, las series y los viajes. Creador de contenido en TikTok de Salt Idiomes con consejos y curiosidades sobre idiomas.

